Notas de Prensa

 

Viernes, 28/4/00

En procesos malignos avanzados, donde su uso se ha incrementado 
La sangre periférica es preferible a la MO en trasplante alogénico 

Los cambios que se están sucediendo en los trasplantes de células progenitoras hematopoyéticas son objeto de un simposio que se está celebrando en Salamanca. En la sesión de ayer intervinieron, entre otros, Ciril Rozman, que destacó las ventajas del uso de sangre periférica, y Donnall E. Thomas, precursor de los trasplantes hematopoyéticos, que lamentó el todavía elevado número de recaídas de las leucemias. 

El uso de sangre periférica para los trasplantes alógenos es preferible al de médula ósea en las hematopatías malignas avanzadas, aseguró ayer Ciril Rozman, del Hospital Clínico de Barcelona, durante su intervención en el Simposio sobre Trasplantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas, organizado por la Universidad de Salamanca y la Fundación Ramón Areces y que se clausura hoy.

Señaló las ventajas del uso de sangre periférica frente a la médula ósea. Así, basándose en diferentes estudios en los que se comparaban ambas técnicas -siempre en el trasplante autólogo-, explicó cómo tanto en Europa como en España ha habido un notable incremento en el uso de hemoperiféricos en los últimos cinco años. 
Entre las ventajas que ofrece la sangre periférica se encuentra la de que posee más células CD 34 positivas que las de la médula ósea, así como mayor número de linfocitos T y células CD4, CD8 y Mk. En general, la proproción es de 2 a 1 en células CD 34; de 10 a 1 en linfocitos T, y de 20 a 1 en células Mk.

Además, el implante de sangre es más rápido que el de médula ósea, produciéndose una media de siete días antes, tanto en neutrófilos como en plaquetas, y disminuye el tiempo de hospitalización del paciente de 40 a 35 días de media, lo que supone que el coste es un 20 por ciento más bajo.

Sin embargo, Ciril Rozman matizó que "aún no existen estudios comparativos a largo plazo, aunque parece ser que el implante se mantiene, por lo que se podría concluir que el implante de sangre periférica es más corto, rápido y sin problemas a largo plazo que el de médula ósea".

Rozman hizo referencia a la preocupación existente sobre el incremento de la incidencia y gravedad de la enfermedad injerto contra huésped (ECH). No obstante, aunque los estudios existentes se basan en pocos pacientes, en una presentación de 33 casos se demostró que la incidencia de la ECH aguda era del 40 por ciento, similar a la del trasplante de médula ósea. De esta forma, no está contrastado un aumento de la ECH aguda. Este no incremento de la ECH, en contra de lo que se pensaba, puede deberse, en opinión de Rozman, a que un implante más rápido implica un menor riesgo de infeccción y, por tanto, una mayor protección, o a que existe una polarización de las células Th1 (citotóxicas y responsables de la ECH) hacia las Th2 (cooperantes).

ECH crónica

Pero sí parece existir un incremento de la ECH crónica, aunque los diferentes estudios no se ponen de acuerdo. Un trabajo realizado por el grupo español demostró que la ECH crónica en trasplantes con sangre periférica es del 50 por ciento, frente al 25 por ciento en los trasplantes con médula ósea. 

En su opinión, el aumento de la ECH crónica y no de la aguda se puede deber a que desaparezca con el tiempo la polarización de las células Th2 a Th1 o a que el incremento de células CD4 y de monocitos que podrían tener efecto inmunosupresor sea temporal y, al desaparecer, propicia la ECH crónica.

Otro aspecto es el de las recaídas, que disminuyen con el trasplante hemoperiférico, mientras que la supervivencia parece aumentar, a pesar de los pocos datos de los que se dispone. En un estudio sobre 136 enfermos sometidos a trasplantes de los dos tipos, la supervivencia a los tres años fue del 75 por ciento en el caso del trasplante hemoperiférico y del 40 por ciento en el de médula. Si la enfermedad estaba muy
avanzada, estos porcentajes se reducían al 60 y al 20 por ciento respectivamente, y si la enfermedad se encontraba en las primeras fases, las diferencias no eran significativas. Por ello, Rozman considera indiferente que en las hemopatías malignas precoces se haga un tipo de trasplante u otro.

Por último, apuntó que en futuro hay que investigar los efectos a largo plazo en las ECH crónicas respecto a la mortalidad tardía y la calidad de vida del paciente y el estudio de las recaídas con ensayos aleatorios.

Tres objetivos 

El precursor de los trasplantes de células progenitoras hematopoyéticas, Donnall E. Thomas, premio Nobel de Medicina en 1990, considera que la investigación en los trasplantes de este tipo para los próximos años debe ir encaminada a resolver tres problemas principales: el primero, reducir las recaídas en las leucemias, que "todavía
son preocupantes"; el segundo sería la prevención de la infección tras la intervención, ya que los pacientes permanecen durante dos o tres meses con inmunodeficiencia, por lo que "el riesgo de infección es muy alto y hay que incrementar los esfuerzos para prevenir las oportunistas".

El tercer objetivo es la disminución de la toxicidad de los regímenes de quimioterapia, mediante el uso de regímenes no mieloablativos, o los denominados minitrasplantes, que implicarían, además, una reducción de los costes del trasplante y de la estancia en el hospital.

Por su parte, Jesús San Miguel, del Servicio de Hematología del Hospital Clínico de Salamanca, y miembro del comité organizador del encuentro, explicó cuáles son los retos para los próximos años, entre los que sobresalen la reducción de la mortalidad relacionada con el trasplante, prevenir la enfermedad injerto contra huésped y tratar las recidivas. Para San Miguel, la importancia del simposio radica en poder poner en contacto a investigadores nacionales con internacioneles y discutir los temas de actualidad en los trasplantes de células hematopoyéticas de sangre periférica y cordón umbilical.

Carlos Méndez. Salamanca 


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