Notas de Prensa

 

Lunes, 17/1/00

Los receptores de tejidos animales no deberían donar sangre

Un grupo de expertos de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) recomendó el martes que las personas que hayan tenido transplantes de células o tejidos animales no deberían donar sangre o plasma.

La preocupación es que las personas con tejidos animales podrían transmitir organismos causantes de enfermedades como el retrovirus endógeno porcino a otras personas que reciban su sangre.

El término científico para los transplantes de tejidos o de células de otras especies es "xenotrasplante". Un ejemplo de la utilización de tejidos animales en humanos incluyen células y tejidos de cerdo, sobre los que se estudia como posibles terapias para enfermedades como la de Parkinson y la diabetes.

Los miembros del Subcomité de Xenotransplantes de la FDA del Comité Consultor de Modificadores de la Respuesta Biológica también recomendaron la retirada y la destrucción de la sangre y el plasma que ya hubiera sido donado por receptores de xenotransplantes.

Una ligera mayoría de los expertos, 9 de 7, estaban de acuerdo con la sugerencia de la FDA de que las personas que tienen "contactos íntimos" con los receptores de xenotransplantes tampoco deberían donar sangre o plasma. El comité no estuvo de acuerdo con la sugerencia de la FDA de prohibir la donación de trabajadores de la sanidad que pudieran haber estado expuestos por pinchazo de aguja o heridas abiertas o de los trabajadores de laboratorio que hagan investigación animal.

La FDA propuso añadir tres cuestiones sobre los xenotransplantes al control de donantes de 32 preguntas que ya se utiliza. Pero el sector de los bancos de sangre se opuso a ello. El grupo estuvo de acuerdo y dijo que no deberían haber más preguntas para los donantes. En su lugar, los médicos continuarán advirtiendo a los
pacientes xenotransplantados que ellos y sus personas íntimas no deben donar sangre o plasma.

Si se adoptara la nueva política sanguínea (la FDA aún está recogiendo opiniones), en un principio sólo se aplicaría a un número reducido de receptores de transplantes. Sólo unas 50 personas han tenido tejidos u órganos animales directamente transplantados en su cuerpo. Pero las células o los tejidos de al menos otras 700
personas han aumentado fuera de sus cuerpos por medio de células o tejidos animales, informó a Reuters Health Jay Siegel de la FDA.

Y, "lo más probable es que las cifras aumenten", a medida que se amplíe la investigación, afirmó Siegel, director de la Oficina de Investigación y Examen Terapéutico del Centro de Biología de la FDA.

Los representantes del sector de los bancos de sangre respaldaron la postposición para los pacientes xenotransplantados, pero dijo que una prohibición en las donaciones de las personas íntimas de éstos haría disminuir el suministro de sangre y advirtió sobre este hecho.

"Es un recorte muy importante del número de posibles donantes si no puede donar una gran parte de la población, con exposición significativa a los animales como los trabajadores de los matadores, los granjeros, los veterinarios y los investigadores médicos que trabajan con animales de gran tamaño", dijo Kay Gregory, director de asuntos regulativos de la Asociación Americana de Bancos de Sangre.

La agencia sacó a colación por primera vez la donación de sangre de personas xenotransplantadas en 1996, cuando indicó a los investigadores clínicos debían advertir a los pacientes que no hicieran donaciones como parte de su proceso de consentimiento informado.

En diciembre, la FDA actualizó esa directriz, ampliando la definición de xenotransplante para que incluyera cualquier procedimiento que implicara el transplante, implante e inclusión en los humanos de células vivas, tejidos u órganos de una fuente animal no humana, o de fluidos del cuerpo humano, células, tejidos u órganos que hubieran tenido contacto vivo exterior con células vivas, tejidos u órganos de animales. 

Europa Press/Reuters


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  ían del propio ojo, no hubo rechazo, por lo que no fue necesaria la medicación inmunosupresora que se emplea cuando el órgano es de un donante. El obstáculo para realizar esta intervención es que debe haber un ojo sano (y no siempre es así). Además, el limbo del ojo quemado ha de estar intacto, cosa que tampoco es frecuente.

Otro de los éxitos en el cultivo de tejidos se ha logrado en Canadá. Según publicó Science en diciembre, científicos de la Universidad de Ottawa han creado córneas equivalentes a las humanas a partir de cultivos de líneas celulares procedentes de las tres capas de la córnea (epitelio, estroma y endotelio) de donantes muertos.

Después de extraer estas células, los científicos las infectaron con un virus que contenía un gen capaz de estimular la capacidad de reproducción de estas células. Además, usaron un andamio de colágeno para que las células adquirieran la forma de la córnea humana. Al evaluar las características de las córneas cultivadas se comprobó que eran iguales a las humanas en cuanto a la forma, transparencia y respuesta inflamatoria ante agentes irritantes.

El único problema, que los investigadores confían en solucionar pronto, es que estas córneas no tienen consistencia suficiente en su parte central, por lo que aún no son aptas para el trasplante. Sin embargo, los autores creen que pueden ser útiles para probar nuevos fármacos para el ojo e, incluso, como implantes temporales para pacientes en lista de espera.

«Lo más importante es que tenemos un modelo de córnea más parecido al humano que el que se puede obtener de cualquier animal», explica Réjean Murger, coautor del ensayo. Los científicos apuntaron la posibilidad de crear, mediante técnicas similares, otras partes del ojo, como la esclerótica. El objetivo a largo plazo de ésta y otras investigaciones es lograr ojos completos de repuesto.

Para ello, necesariamente deberán ampliarse las investigaciones con células madre. De hecho, un trabajo publicado en el último Science, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá), ha revelado que los mamíferos poseen células madre en el epitelio pigmentario de la retina. Hasta el momento, se creía que sólo los anfibios y los peces tenían estas células en sus ojos.

Los científicos aislaron estas células, las cultivaron y lograron que se diferenciaran en neuronas bipolares, bastones y glías Müller (tres tipos de células de la retina). «Variando las condiciones del cultivo podremos obtener todas las capas celulares de la retina», ha explicado el director de este trabajo.

Sin embargo, los investigadores han observado que el entorno ocular de un humano adulto inhibe la proliferación de estas células madre (para evitar la aparición de tumores). De esta forma, los científicos están tratando de descifrar los mecanismos inhibidores para controlarlos y lograr que las células madre puedan regenerar cualquier tejido retiniano dañado sin necesidad de aislarlas en el laboratorio. «Hasta ese momento tendremos que extraerlas, hacer cultivos e implantar el tejido nuevo», resumen los autores.

El último número de Science & Medicine recoge una revisión acerca de la técnicas que se están ensayando para regenerar la retina dañada. Esta zona ocular está formada por varias capas celulares organizadas para transmitir las señales visuales al cerebro. La principal causa de daño en esta zona es la pérdida de los fotorreceptores (conos y bastones). De esta forma, casi todos los esfuerzos han estado encaminados a regenerar estas células. A finales de los ochenta, investigadores de la Universidad de Columbia (EEUU) observaron que las células del epitelio pigmentario procedentes de recién nacidos (que fallecieron en el parto o a las pocas horas nacer) podían frenar el deterioro de los fotorreceptores de ratones de laboratorio.

Después ensayaron estos mismos implantes, con células fetales en algunos afectados de degeneración macular. De momento, han obtenido resultados esperanzadores en la forma seca (la visión se mantiene estable y el implante no se rechaza). Sin embargo, en la degeneración macular húmeda no ha habido tanta suerte (rechazo del implante a los pocos meses y deterioro de la visión).

Sin embargo, según los autores de la revisión, Robert Arament y Magdalene Seiler, de la University of Louisville School of Medicine (EEUU), los implantes de células fetales tienen un enorme potencial. Este tipo de tejido no provoca rechazo inmunológico y prolifera rápidamente. La únicas desventajas son su gran fragilidad y las barreras éticas para su uso.

Para comprobarlo, estos científicos han hecho varios trasplantes de este tipo. Primero, envuelven el tejido fetal que va a ser trasplantado en un gel nutritivo que lo protege y lo mantiene vivo. Mediante una especie de espátula, introducen esta capa celular en la cavidad subretinal. A los pocos meses, el tejido implantado ya ha desarrollado una capa de fotorreceptores con sus correspondientes conexiones con la capa del epitelio pigmentario. Dado que exiten muchas enfermedades que afectan tanto a los fotorreceptores como al epitelio pigmentario, los investigadores están tratando de desarrollar un método para trasplantar ambos tejidos al mismo tiempo.

Después de obtener buenos resultados con ratas, en el Norton Audubon Hospital de Louisville se hicieron los primeros implantes en humanos (cuatro afectados de retinitis pigmentosa). Seis meses después de la operación, dos captaban luz en la zona visual que antes era oscura. Esta zona era más amplia dos años después. «Un resultado esperanzador, a pesar de ser preliminar», escriben los autores.

Una retina electrónica

Hace unos meses Stevie Wonder expresó su deseo de someterse a una intervención que le permitiera recuperar la vista. Se refería a una prótesis intraocular diseñada para sustituir la función de las células dañadas de la retina. El doctor Mark Humayun, del Wilmer Eye Institute (dependiente de la Johns Hopkins University, en EEUU) y director de este proyecto, ha logrado que algunos de los 15 pacientes que recibieron este chip pudieran captar algunas luces, sombras, e incluso, que uno leyera algunas letras. Este ingenio es similar al implante coclear para personas sordas, pero está diseñado para estimular (mediante impulsos eléctricos) el nervio óptico de tal manera que éste envíe señales visuales al cerebro.

El chip se introduce en el ojo y se coloca en la superficie de la retina. En el exterior, unas gafas que llevan incorporadas una microcámara y una antena captan las imágenes y transmiten (mediante láser u ondas similares a las de la radio) la información al chip. Mediante unos electrodos, este estimula el nervio óptico y la información se envía al cerebro. Según los responsables del proyecto, los principales beneficiados, si este experimento llega a buen fin, serían los afectados de retinitis pigmentosa y los que sufren degeneración macular. Dos de las principales causas de ceguera.

A pesar de que la teoría parece sencilla, aún no se han conseguido avances demasiado espectaculares con este aparato. Éste suele desengancharse del lugar donde se coloca previamente. Además, el crecimiento de tejido conectivo entre el chip y la retina dañada, hacen que el sistema fracase. De hecho ningún paciente lleva este invento implantado de forma permanente.

Por otra parte, un equipo de científicos estadounidenses y otro de científicos alemanes están trabajando en otro tipo de chip que se implanta debajo de la superficie retiniana para sustituir la función de los fotorreceptores que están dañados. Las ventajas de este sistema son un mejor anclaje del chip y una comunicación más directa con le nervio óptico. Sin embargo, aún no se han solucionado algunos obstáculos, como la alimentación de la retina y de la coroides (el chip impide que los nutrientes lleguen a estas capas de ojo).

Finalmente, también se están intentando variaciones de la primera idea. Se trata de implantar los electrodos de manera que estimulen la zona del córtex cerebral encargado de la visión. El profesor Normann, de la Universidad de Utah (EEUU) está investigando esta posibilidad desde hace 30 años, pero aún no ha obtenido resultados realmente significativos.


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