Notas de Prensa

 

Jueves, 13/1/00

En procedimientos con los que el 50% de pacientes precisan transfusión 

La autotransfusión en cirugía debe limitarse a operaciones de riesgo

Ante la posibilidad de necesitar una transfusión sanguínea en el curso de una próxima intervención, el paciente puede sentirse más seguro si le transfunden su propia sangre. Sin embargo, la transfusión autóloga, que recibió un fuerte impulso durante los últimos años de 1980, está en decadencia por los inconvenientes que conlleva, excepto en procedimientos en los que exista un elevado riesgo de sangrado en la mitad de pacientes. 

La transfusión autóloga es una operación que ha recibido un importante impulso desde hace algo más de una década. Está justificada ante intervenciones con un elevado riesgo de sangrado, tal como sucede en la artroplastia de cadera, en la que cerca del 50 por ciento de los pacientes exigirá una transfusión sanguínea. Pero aparte de estas situaciones tan definidas, "no es una práctica que debamos motivar para operaciones cuyo riesgo de hemorragia, a priori, no alcance a la mitad de los pacientes", ha señalado Valentín Pinto, responsable del Banco de Sangre del Hospital General de Asturias, en Oviedo.

El experto basa su afirmación en dos monografías publicadas en 1999 en el New England, en las que se concluía que era preciso limitar la autotransfusión sanguínea a procedimientos quirúrgicos que conlleven abundante sangrado en un elevado número de casos. "Es erróneo intentar potenciarla, puesto que los estudios concluyen que es más costosa que la donación homóloga, para la que existe una producción a escala e implica un menor coste económico por bolsa".

Pero esa limitación no se basa exclusivamente en criterios economicistas. "Si no ha sido necesario autotransfundir a un paciente quirúrgico, esa sangre no se puede emplear en otro sujeto puesto que no garantiza la misma seguridad que ofrece la sangre procedente de un donante habitual, que ha sido sometida varias veces en un año a diversos cribajes y en la que ha desaparecido el peligro que supone el periodo ventana de ciertos agentes infecciosos".

En su opinión, "la transfusión autóloga estaba justificada cuando no existían los marcadores de screening para el VHB, VHC y VIH tan sensibles como los actuales, y había un riesgo no despreciable de contraer estas enfermedades".

Sin embargo, esas limitaciones "no excluyen el derecho que tiene una persona, si lo desea, de someterse a una extracción de su propia sangre para que le sea transfundida si es necesario, aunque de antemano el riesgo de sangrado sea muy bajo".

Procedimientos

Con estas premisas, y basándose en los resultados de un estudio prospectivo sobre 13.000 operaciones ejecutadas en el hospital asturiano durante 1996, y en las que se han utilizado 330 técnicas quirúrgicas, "sólo estaría realmente justificada en artroplastia de cadera, en la que, en nuestro centro, el 40 por ciento de los enfermos ha necesitado una transfusión, con una media de 2 a 3 bolsas de concentrados de hematíes".

Según su estudio, globalmente el 8 por ciento de las personas operadas precisa una transfusión, aunque "las de mayor riesgo son, además de los de cirugía ortopédica, las sometidas a trasplantes de órganos sólidos, a cirugía vascular, cardiaca y de próstata".

Ha rechazado que exista un límite de la cantidad de sangre que puede recibir un paciente, y en este sentido ha recordado que "durante los primeros trasplantes hepáticos se llegaron a sobrepasar las 70 bolsas de concentrados de hematíes.
Actualmente, estos volúmenes se han reducido notablemente gracias al empleo de recuperadores de sangre intraoperatorios, aunque no evitan que haya que transfundir más sangre".

En niños 

La transfusión autóloga en niños está limitada por criterios legales y por sus propias limitaciones físicas. "Desde una perspectiva legal, la autotransfusión tiene los mismos requisitos que la donación homóloga: los límites de edad se sitúan en los 18 y los 65 años. Sin embargo, en adolescentes, a partir de los 15 años, cuya volemia se
corresponde con su peso corporal, es posible extraer hasta un máximo del 13 por ciento de la volemia, siempre bajo el consentimiento informado del tutor". A parte de esta puntualización, Valentín Pinto ha destacado que la tra