6 Junio 1999
LEUCEMIA
Una nueva técnica previene el rechazo del trasplante de médula
ósea
Unos cientificos de Estados Unidos han logrado «engañar»
a ciertas celulas del sistema inmune, en un grupo de enfermos con leucemia,
para inhibir el rechazo que se produce tras un trasplante de medula osea
no compatible
Myriam López Blanco
Una nueva técnica de trasplante de médula ósea
(TMO) que consiste en desactivar
ciertas células sanguíneas del donante es la nueva promesa
frente al rechazo del injerto en pacientes con leucemia. El 60%-80% de
los enfermos que reciben un trasplante de médula puede sufrir una
reacción grave y a menudo fatal que se conoce con el nombre de enfermedad
de injerto contra huésped (GVHD, grafted versus host disease). El
ataque generalizado que se produce lo orquestan las células T del
donante, que no reconocen los tejidos del paciente como propios y se lanzan
a destruirlos como si fuesen invasores.
Un equipo del Dana-Farber Cancer Institute y de la Universidad de Harvard,
de
Boston, Massachusetts, en EEUU, ha logrado engañar a las células
T para prevenir el
ataque. En el estudio participaron 12 pacientes con leucemia que recibieron
el trasplante de donantes parcialmente compatibles. Sólo tres de
los enfermos sufrieron la enfermedad de injerto contra huésped,
y no se produjo ninguna muerte relacionada
directamente con el trasplante. Cinco de los pacientes están
ya libres de la enfermedad.
Esta técnica —aunque todavía es preciso que se investigue
más para afinarla— podría convertirse en una alternativa
a los fármacos inmunosupresores que hoy tienen que tomar de por
vida los pacientes trasplantados.
Para el estudio, que se publica en el último número de
la revista New England Journal of Medicine, los autores recogieron células
T de la médula ósea de los donantes.
Después las combinaron con las células de los pacientes
receptores y con una
sustancia, llamada CTLA-4, que es capaz de bloquear la interacción
entre estos dos
tipos de células.
Así, las células T perdieron la capacidad para atacar
al injerto. Se comprobó que las
células T manipuladas del donante no reaccionaban contra ninguna
célula del receptor, y después implantaron el tejido.
Los resultados fueron excelentes. Sin embargo, el doctor Robert Schwarz
advierte, en el editorial que acompaña al estudio, que los pacientes
participantes son muy pocos y que tampoco se dispone de información
sobre el estado del sistema inmune de los receptores. Además, hay
que tener en cuenta que hacen falta recursos técnicos y económicos
muy grandes para realizar esta técnica, lo cual la convierte en
un remedio inalcanzable para la mayoría de los enfermos. El 60%-80%
de los pacientes que necesitan un trasplante de médula ósea
no encuentra un donante compatible. Lo ideal es que el que cede el tejido
sea un hermano gemelo idéntico del paciente.
Esta compatibilidad se basa en el parecido entre las huellas dactilares
de los glóbulos blancos del donante y las de los del receptor. Esta
marca inconfundible está en la superficie. Son unas proteínas
llamadas antígenos HLA (siglas inglesas para human leukocyte antigens,
o antígenos de leucocitos humanos), que juegan un papel vital a
la hora de proteger al organismo frente a organismos invasores, como bacterias
y virus.
Los HLA son unos marcadores genéticos que se heredan del padre
y de la madre. Por
eso los gemelos tienen muchas más probabilidades de tener los
mismos que dos
personas no relacionadas entre sí. La probabilidad de encontrar
a alguien en la población
con una combinación de antígenos exacta a la de un paciente
determinado
varía desde uno entre mil hasta uno entre varios millones, dependiendo
de lo frecuente que fuese el tejido del paciente en la población
general.
INVASION. Las células T son un tipo de glóbulos blancos
que están programados
desde el nacimiento para reconocer a todos los antígenos que
pertenecen al cuerpo en el que están. Cuando se produce una invasión
bacteriana, por ejemplo, las células T organizan el ataque para
destruir a los microorganismos. Si se trasplanta una médula ósea,
las células T del receptor pasan revista a los antígenos
que hay sobre la superficie de las células del donante, y, si no
los reconocen como propios, pueden
organizar el ataque, es decir, rechazar el injerto. Pero puede ocurrir
que sean las
células T que vienen con el tejido donante las que tengan más
poder y, al no identificar el cuerpo del receptor como suyo, organicen
un ataque contra el paciente. Se sabe que la activación de las células
T para el ataque depende de ciertas moléculas. Bloqueándolas,
se ha visto que se pueden inactivar sólo las células T que
reaccionan frente a un injerto de órgano, sin afectar al resto del
sistema inmune. Esta nueva inmunología podría ofrecer las
claves para una tolerancia permanente frente a los trasplantes.
Una imitación del sistema inmune
La misma estrategia que se ha utilizado con un grupo de monos trasplantados
de riñón podría algún día repetirse
en humanos para evitar el rechazo de este tipo de injerto. Unos investigadores
han logrado una supervivencia a largo plazo en monos
trasplantados de riñón al imitar el mecanismo del sistema
inmune para mantener la
tolerancia al propio organismo. Se trata de una técnica de inmunoterapia
que consiste
en dirigir unos anticuerpos contra una molécula llamada ligando
del CD40. En el
número de junio de la revista Nature Medicine, un grupo de científicos
del Centro de
Investigación Médico Naval de Bethesda, en Maryland,
EEUU, y un equipo
multicéntrico creen que inhibir la interacción entre
el CD40 y su ligando podría
prevenir el rechazo. Se administraron anticuerpos monoclonales específicos
CD145 en dosis de 20 miligramos por kilo antes y después de la cirugía,
a los tres, 10 y 28 días. Y, después de eso, cada 28 días
durante los cinco meses siguientes a la intervención. Había
un animal control que recibió sólo los fármacos inmunosupresores
convencionales y sufrió rechazo agudo nueve días después.
Ocho de los monos restantes están sanos y con su riñón
funcionando normalmente y de forma estable.
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