Notas de Prensa

 

Viernes, 21/5/99

El empleo de citokinas disminuye las necesidades transfusionales

Las citopenias hematológicas son la principal causa de toxicidad en los tratamientos oncohematológicos. Para reducirlas se han sintetizado en los últimos años moléculas recombinantes con capacidad estimuladora de la proliferación y maduración de las
tres series hematopoyéticas: granulocítica, eritroide y megacariocítica. El empleo de estas moléculas, denominadas factores de crecimiento hematopoyético o citokinas, ha suscitado un gran interés en procesos que cursan con citopenias. "Su empleo para acelerar la recuperación abre enormes expectativas en los tratamientos oncohematológicos y puede suponer un impacto considerable en la medicina transfusional", ha asegurado Adrián Alegre Amor, del Servicio de Hematología del Hospital de La Princesa, de Madrid, y participante en el congreso de transfusión
sanguínea que se está celebrando en Madrid. 

Menos transfusiones

El especialista ha destacado que la eritropoyetina humana recombinante se está utilizando con resultados satisfactorios en determinadas situaciones, como la anemia en la insuficiencia renal o la que presentan los enfermos con tumores sólidos y mieloma. "También se ha mostrado eficaz en los programas de autotransfusión y algunos estudios apuntan un papel favorable en la cirugía para reducir las necesidades transfusionales". 

Respecto a los factores granulocíticos, considera que tienen poco impacto transfusional puesto que sólo estimulan la serie blanca. No obstante, han contribuido a la expansión del empleo de la sangre periférica como fuente de rescate celular en lugar de la médula ósea, de forma que este tipo de trasplante tiene menores
requerimientos transfusionales. 

En su opinión, la trombopoyetina es uno de los factores más esperados, pero "su capacidad para acelerar la recuperación de la trombopenia se está analizando en diversos estudios clínicos". En el caso de que los resultados sean favorables, y se demuestre su inocuidad, "su aplicación abre grandes expectativas tanto por la
reducción de las transfusiones como por la posibilidad de obtener plaquetas de donantes voluntarios y autólogas". 

Hepatotoxicidad

Otra situación preocupante para los hematólogos es la hepatotoxicidad que suele aparecer después de un trasplante de médula ósea. De hecho, "puede ser la responsable de hasta un 15 por ciento de la mortalidad tóxica asociada al trasplante alogénico. Además, la función hepática puede estar alterada hasta en un 80
por ciento de los pacientes en las primeras semanas postrasplante", han afirmado en su ponencia un grupo de especialistas madrileños, entre ellos José Francisco Tomás, de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid. 

Los autores sostienen que en los receptores de un trasplante alogénico convergen multitud de factores que favorecen el desarrollo de una hepatopatía, incluyendo las infecciones virales. "Aunque los virus VHB y VHC son los principales responsables de las alteraciones hepáticas, también se han implicado virus del herpes, CMV, adenovirus y el de Epstein-Barr". La infección por VHB y VHC no contraindica el trasplante, aunque sí han insistido en la necesidad de someter al paciente a un seguimiento para detectar la infección de forma precoz. 

Angeles Gómez.
 


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